domingo, 23 de abril de 2017

Otro intento fallido

En Practicas del Lenguaje, leímos "El Narrador de Cuentos" de Saki. En base a eso, tuvimos que crear nuestra propia historia inapropiada para niños. Trabaje con Lautaro y Joquín

Otro intento fallido

”Había una vez” empezó a escribir Juan Humberto, “No mejor no, demasiado tradicional” pensaba el exitoso escritor, quien ya había escrito innumerables cuentos, la mayoría inapropiados para niños por su complejo contenido y su repetitivo lenguaje vulgar. Pero esta vez estaba decidido a contenerse y lograr crear uno para menores. Entonces suspiró profundo, lleno sus pulmones de creatividad y comenzó a escribir:

  “A dos horas del mediodía, cuando el sol estaba casi en la mitad del cielo, Caperucita decidió partir a lo de su abuela. En realidad la había obligado su madre, ya que no soportaba a la consistente voz chillona de su hija. La verdad a Caperucita no le molestaba irse de la casa, porque tampoco le agradaba ‘Marisa’ (así es como ella la llamaba, nunca le salía un mamá o un mami; según ella solo le ponía apodos lindos a las personas lindas). El problema surgió cuando le avisó que donde tenía que ir era a la casa de su abuela, o como ella la le decía: ‘Marta’. Si, Caperucita no era una chica muy sociable, y si, tampoco le agrada su familia.
  En fin, con un portazo y despidiéndose de su madre con un grito violento, salió de su casa. Refunfuñando mientras daba pisotones dañando el pasto y las flores que se le cruzaban, Caperucita tenía la mirada en alto observando el cielo quien de a poco se transformaba de soleado y despejado, a uno amenazante lleno de nubes grises. Por lo general una niña cualquiera iría saltando de la alegría contando las mariposas o pajaritos que veía en el camino; Pero para Roja eso era de chicas estúpidas e inmaduras. Ella prefería pisar todo lo que se moviera. Y ni hablar de cantar, se callaría por un mes y medio antes que cantar o esbozar una sonrisa.
 Eran incontables las veces que Caperucita se había llevado el disgusto de tener que poner un pie en la casa de la abuela. Roja pensaba que era una maldición, ya que cada vez que lo tenía que hacer cosas malas pasaban en su día. La última vez fue una semana antes de este día, ella había visitado a Marta lo que pareció más una guerra de insultos en donde volaban “Pero que vieja inútil” de un lado, o “Mocosa insolente” del otro. Y después de esa pelea la había mojado completamente un auto que pasó por un charco de lodo. Pero eso no fue tan malo a comparación de lo que le esperaba este día. Ese mismo día se había perdido en el bosque, y ya que lucía desesperada un lobo la quiso ayudar. “¿Hola niña quieres que te ayude en algo?” Preguntó con las mejores intenciones, pero no recibió lo mismo de ella quien ignoró totalmente por 30 segundos la amable ofrenda del Lobo y luego respondió “Quién podría ser tan estúpido como para pedirle ayuda a un ser tan despreciable como vos?” El lobo, quien se quedó tildado por lo que fue casi un minuto, quiso contraatacar la ofensiva respuesta pero Caperucita ya se había ido. El no pensaba dejar las cosas así, entonces partió rápidamente (por un atajo que él conocía) a lo de su amiga Marta antes de que Roja llegara. La abuelita lo recibió con una gran felicidad y lo invitó a pasar…
  Luego de una larga conversación donde el Lobo le cuenta sobre su encuentro con su nieta, ambos llegaron al acuerdo en que tenían que hacer a su nieta reflexionar y elaboraron un plan. Lo que el pobre Lobo no sabía es que la abuela no iba a repetir el plan acordado.
  Cuando llegó Roja tocó la puerta, y desde adentro una voz ronca le indicó que pasara. La niña se acercó a la cama de su abuela (sin saber que era el Lobo que estaba vestido como su abuela) y con cara de desprecio le dice:
“Marta que orejas tan largas tienes”; ofendido una vez más el lobo le responde con ocultando su bronca: “Son para escucharte mejor”; pero sin rendirse Caperucita iba por la mitad de su segunda observación cuando de repente se queda sin habla. El lobo abre los ojos. Ojos perturbados y llenos de preocupación. Tan abiertos estaban como si estuviera viendo a un cadáver… ¡Pero eso era porque si lo estaba haciendo! El cuerpo inmóvil de la chica se desploma en el suelo y atrás aparece la figura diabólica de Marta, con una sonrisa de oreja a oreja. Si, su propia abuela sostenía una cuchilla de 45 centímetros de largo en la cual chorreaba sangre de su nieta. El lobo quien estaba en estado de shock, logró soltar dos palabras “Pero porque”, solo esas dos porque antes de que pudiera siquiera terminar la oración la cuchilla fue incrustada por segunda vez en un ser vivo, pero esta vez había sido directo en el corazón del Lobo.”

Juan se queda pensativo mirando su nueva creación. Pasaron 15 minutos antes de que haga un bollo con la hoja donde había escrito la historia, y jugando a encestarla en el tacho más cercano de su oficina se dijo para el mismo “La verdad he fracasado... nuevamente y otra vez más”

1 comentario:

  1. Ver comentarios en blogs de compañeros de grupo.
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